EL LÍDER COMO PUENTE ENTRE CULTURA Y ENGAGEMENT

Texto por Paco Verdone

Hoy en día las empresas se enfrentan a un duro escenario económico, lo que plantea muchos desafíos para los directivos.

Sin embargo, en épocas de crisis, las compañías que enfocan los esfuerzos en potenciar a sus trabajadores logran impactar de mejor manera el negocio y una de las fórmulas que los expertos plantean para esto es la de gestión del engagement como herramienta para aumentar la productividad.

Como dice Marisa Salanova de la Universidad de Madrid, el engagement en el trabajo se define como un estado mental positivo, relativamente persistente, relacionado con el trabajo y caracterizado por vigor, dedicación y absorción; es un constructo claramente motivacional ya que posee componentes de activación y dirigido a la consecución de objetivos.

El creciente interés por este concepto, sobre todo por los gerentes, surge porque se ha demostrado que el engagement actúa como un importante predictor del desempeño, de la satisfacción de los clientes y de la productividad de la empresa.

En este contexto, el rol del líder tiene mucha relevancia, ya que son ellos los que permiten la flexibilidad y personalización de los trabajadores dentro de la cultura organizacional, desarrollando una amplia variedad de acciones hacia sus trabajadores para influir en el ambiente de trabajo donde actúan, fomentando su desempeño y fortaleciendo el grado de compromiso que tienen con la organización.

En el área de la psicología organizacional, los líderes tienen un papel crucial en el diseño de un ambiente de trabajo saludable que fomente entre los trabajadores el deseo de permanecer en la empresa. Su conducta tiene una fuerte influencia en el engagement de los empleados, afectan el desempeño organizacional inspirando, apoyando y motivando a sus seguidores a través de influencia interpersonal.

Aunque muchos escritos distinguen entre gerente y líder, es cierto que los buenos gerentes deben ser líderes competentes, como también los buenos líderes deben ser capaces de dirigir, supervisar y ocasionalmente realizar de manera eficaz las funciones gerenciales de planear, organizar, integrar personal, controlar y, por supuesto, dirigir.

Un líder, siempre cuenta con la habilidad de influir sobre los demás, mientras un gerente tal vez no. Influir significa que el líder comunica sus ideas a los seguidores que a su vez las captan, se sienten motivados para respaldarlas y efectuar el cambio.

El liderazgo ocurre cuando los seguidores tienen la natural voluntad de hacer lo que es ético y beneficioso para la organización y para ellos mismos, son más colaboradores y más productivos y hay menos conflictos.

Se trata de influir, pero cediendo poder para que los propios subordinados se conviertan a su vez en líderes y agentes de cambio.

De esta manera, el líder contribuye al desarrollo de elementos clave para la vida de la organización, establece el sistema de valores que configurarán el núcleo de la cultura, la cual influye profundamente en los empleados.

Estos líderes deben ser, antes que nadie, los que conforman la alta dirección de la empresa,  quienes deben tener capacidad de influencia y motivación hacia el trabajo productivo, generando una actitud y un “espíritu productivo” en todo su personal.

El ejecutivo que no se preocupa por generar este espíritu productivo no ejerce un auténtico liderazgo; es común encontrarnos con líderes que dedican más tiempo a la creación de sistemas, procedimientos, políticas, estructuras y tecnología y se olvidan de la parte causal: el “espíritu productivo”, el compromiso, el gusto por el trabajo y la fe y confianza en la empresa.

En el mundo de la gestión empresarial, es indudable la capacidad del líder de influir sobre el rendimiento de los empleados, transmitiéndoles mediante interacciones su concepción hacia ellos.

Se dice que el 70% de los trabajadores no huye de la empresa, sino de sus jefes. Según el último informe de The World Economic Fórum sobre la competitividad mundial, España ocupa la posición 37 en cuanto a confianza en la gestión profesional.

Actualmente existen escuelas de negocio que dan importancia a este concepto, otorgándole una verdadera asignatura nombrada “Teoría de los fans”. Explica Fernando Botella, CEO de Think&Action35. «Un empleado que se aburre con lo que hace, va descontento a trabajar y es lo peor que le puede suceder a una empresa, ya que afectará críticamente a su cuenta de resultados».

La transformación digital, la globalización y los cambios sociales están afectando a las políticas de empresas que, a su vez, se repercute en la cultura organizacional.

Al respecto, todas estas amenazas se tienen que convertir en fortalezas para los directivos de hoy, modelando una cultura de empresa que se adapte a estos cambios.

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